Si han visto la película ‘Caro diario’, del director italiano Nanni Moretti (y si no lo han hecho se la recomendamos), quizá recuerden que una de las tres historias que la componen versa sobre una visita a las islas Eolias del propio Moretti y de un amigo que lleva años encerrado estudiando el ‘Ulises’ de Joyce sin ver la televisión, aparato que deplora hasta que se convierte en adicto a los culebrones, que devora en los ferris que les llevan de una a otra ínsula. En Estrómboli, se topan con un alcalde que atesora grandes planes reformistas.

Entre ellos, el de que alguien componga una banda sonora para su isla, como las de Ennio Morricone. Una música que la identifique, que la acompañe. Sus interlocutores se quedan pasmados, pero si en lugar de con ellos el alcalde se hubiera encontrado con Ramon Vives, la cosa habría sido distinta.

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